
En la región central de Perú, en territorio del departamento de Junin, a 30 kilómetros al norte de la ciudad de Tarma, y a 260 kilómetros al este de Lima, se encuentra uno de los monumentos naturales más impresionantes de Sudamérica, la Cueva de Huagapo.
Este majestuoso lugar asombra por su imponencia, con 20 metros de altura, 34 metros de ancho (acceso), y más de 2000 metros de profundidad.
Su nombre viene del quechua (lengua indígena de los Andes centrales que en la actualidad es hablada por cerca de 10 millones de personas), con las palabras “Huaga”, que quiere decir lágrimas; y “apo”, que significa poderoso, formando así “lágrimas del poderoso”, también conocida como “la Gruta que llora”.
Este calificativo indígena tiene diversos origenes, uno de ellos se refiere a las numerosas estalagmitas y estalactitas que cuelgan del interior de la cueva, dando la sensación de que fueran grandes gotas de agua a punto de caer; sin embargo, viejas leyendas también nos abre la puerta a otras explicaciones. Una estas cuenta que espíritus malignos llegaron cierto día a la zona y corrompieron los corazones de sus sacerdotes sacerdotisas, y estos a su vez transmitieron su mal a todos los habitantes.
Al ver Dios que todo era vicio y destrucción, envió a sus servidores para acabar el mal de raíz, y por ello convirtieron a los sacerdotes en piedra, y a las sacerdotisas las encerraron en lo más profundo de la cueva para que no pudiesen salir jamás. Es por ello que se cree que el agua que se desprende de la cueva proviene de las lágrimas de aquellas sacerdotisas.
Existe otra leyenda que cuenta que esta cueva sirvió de refugio de niños y mujeres pertenecientes a la antigua tribu indígena de los Tarama, mientras sus hombres luchaban una sangrienta batalla con los poderosos Incas, pero al ver que no volvían, las mujeres y niños taramas lloraron por siempre. Por esta leyenda, se le dio origen a la “Virgen que Llora”, una gran roca ubicada al interior de la cueva que tiene forma de virgen, y sobre la que no dejan de caer gotas de agua.
Lo que si es cierto, es que esta cueva ha hecho parte de la forma de vida de antiguos habitantes, ya que al interior se hallan numerosas representaciones de arte rupestre que representan animales (llama, taruka, guanaco, serpientes) y escenas de caza.
El acceso a la cueva tiene un costo aproximado de dos euros, y se hace acompañado de guías, y equipados de cuerdas y linternas.
Foto Vía Carlos Pàucar Màrquez